Las quemaduras en pequeños animales requieren una intervención inmediata basada en la valoración de la causa, la profundidad y la extensión de las lesiones. Aplicando herramientas como la Regla de los 9 de Wallace y criterios clínicos de gravedad, se decide el abordaje ambulatorio u hospitalario.
La fisiopatología se centra en la desnaturalización de proteínas, la pérdida de la barrera cutánea y el riesgo elevado de desequilibrio hidroelectrolítico, hipovolemia e infección sistémica.
El tratamiento debe iniciarse con la estabilización del paciente —control del dolor, fluidoterapia, oxigenoterapia si es necesario— y continuar con un manejo local estructurado. Para ello, se aplica el modelo TIME: desbridamiento del tejido no viable, control de la carga bacteriana sin recurrir de forma empírica a antibióticos, manejo del exudado y protección activa del borde epitelial.
Se presentarán alternativas terapéuticas—como apósitos antimicrobianos, antisépticos no citotóxicos y terapias avanzadas— enfocadas en favorecer una cicatrización eficaz sin desarrollo de resistencias.
En definitiva, el manejo de las quemaduras debe ser racional, dinámico y sostenible. Integrar estrategias dirigidas, mantener una actitud crítica frente al uso de antibióticos y priorizar un entorno aséptico y funcional en la herida permite mejorar los resultados clínicos y reducir complicaciones. Todo ello, alineado con los principios del movimiento One Health y el compromiso con una medicina veterinaria responsable.
