Antes de iniciar cualquier anestesia, el chequeo de la máquina no debería ser un trámite, sino una acción necesaria entre la seguridad y el riesgo anestésicos: una simple fuga, una mezcla incorrecta de gases o un vaporizador mal calibrado pueden tener consecuencias críticas en segundos en el animal. Por eso, verificar sistemáticamente sus componentes —la fuente de gases, los flujómetros, los vaporizadores, el ventilador, el circuito respiratorio y los sistemas de monitorización y alarmas— garantiza que el paciente reciba oxígeno y gas anestésico de forma precisa, segura y controlada. Este proceso no solo previene errores humanos y fallos técnicos, sino que convierte a la máquina de anestesia en nuestro mejor aliado desde el minuto cero, marcando la diferencia entre un procedimiento anestésico segura y una potencial complicación.
